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Amor de padre

febrero 29, 2012

  – ¿Dónde está mi Roland? – murmuró el anciano, volviéndose a Max -. ¿Dónde está mi nieto?

Max lo miró en silencio, viendo cómo el alma del pobre viejo y la fuerza que lo había mantenido todos aquellos años en lo alto del faro se perdían igual que un puñado de arena entre los dedos. 

-No volverá, señor Kray -respondió finalmente el muchacho, con lágrimas en los ojos-. Roland ya no volverá. 

página 223, editorial Booket

Impresiona de este fragmento el cariño que tenía Víctor Kray al hijo de los Fleischmann. Tras tantos años cuidándolo, el anciano había llegado a amarlo como si fuera su propio hijo, de hecho podría haberlo sido si el destino no hubiera decidido cruzar a Caín en su camino. Que  Roland sea el hijo de la mujer que Víctor amaba es probablemente la razón por la que más unido a él se sentía, puesto que Roland es el hijo que él hubiera querido tener. Por esa razón se ha molestado siempre en protegerle. Por otra parte y por fortuna, ningún familiar mío ha fallecido desde que alcanza mi memoria, pero me imagino el momento de recibir la noticia como el más angustioso y triste que puede haber. En cambio, el fragmento del texto que sigue al de mi entrada no menciona en ningún momento que broten lágrimas de los ojos de Víctor Kray.

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