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La princesa prometida

abril 22, 2012

-Mujer -rezongó el hombrecillo-, ¡quítate de la luz! No me dejas estudiar.

-¡Tú y tus estudios! -respondió la mujercita-. ¿A quién le interesan? Lo que importa ahora es que se cueza mi elixir mágico. Esos dos de ahí afuera lo necesitan.

-Esos dos de ahí afuera -repuso el hombrecillo irritado- necesitarán mucho más de mi ayuda y mis consejos.

-Por mí… -replicó la mujercita-, pero sólo cuando estén bien. ¡Déjame sitio, viejo!

El hombre, refunfuñando, se apartó un poco del fuego.

Atreyu carraspeó para llamar la atención. La pareja de gnomos se volvió para mirarlo.

La Historia Interminable, Ed. Alfaguara, 1987, pp.83-4

Los dos colonos me recuerdan, por cómo se comportan y por como son, al milagroso Max y su mujer, de la película La Princesa Prometida (creo que el libro también está bien).

La escena en versión original:

David

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